jueves, 4 de agosto de 2016

Segundo embarazo

Bueno, pues aquí estamos de nuevo, otra vez embarazada. Supongo que debería renombrar este blog como Diario de una mamá ya no tan novata, pero no sé si blogger me va a dejar hacerlo.

Dejando de lado el embarazo en si, que está siendo de traca (ya os lo contaré), está nueva maternidad está siendo muy diferente a la primera. Para empezar no vives el embarazo igual, con el primero esperaba con ansiedad las visitas al ginecólogo, y cada prueba que me mandaba era un mundo. Ahora se me está pasando volando, y cuando me he querido dar cuenta ya me había hecho hasta la prueba del azúcar, y sin pena ni gloria. No me quiero ni imaginar como se debe vivir el tercero jajaja.

Además, tienes que atender al mayor, y no es tan fácil, si no puedo ni con mi alma. No sé como lo voy a hacer el último mes, que encima me coincide con la operación "empezamos el colegio". Ya veremos.

Luego está como lo viven los demás.

En el primero mi marido me acompañaba a todas las visitas del ginecólogo (es cierto, que se quedaba en la calle porque la única que subió fue con un embarazo anterior que terminó en aborto, y le dió por decir que era gafe. Pero me traía y me llevaba), no faltaba a una prueba, me hacía millones de fotos, fotografió el proceso de preparar su cuarto, venía a comprar las cosas.... Ahora, como definirlo, hum... ¿pasa? por supuesto no ha hecho ni amago de llevarme al médico (cierto es que está trabajando, pero es que ha habido veces que ni me ha preguntado. Y la guinda fue al inicio, que ya lo contaré con calma pero tuve una hemorragía de las de "me estoy desangrando cual cerdo en plena matanza" en la semana 13, porque tuve un desprendimiento completo de la bolsa, le llamo para contárselo y que voy de camino al ginecólogo y va y me contesta "y yo que quieres que le haga, estoy en el trabajo, no pretenderás que vaya". Claro que la respuesta de mi madre fue " uy pues ya puedes olvidarte que eso es un aborto"). Además, casi he tenido que exigirle que por favor me hiciera alguna foto. De los preparativos pasa completamente, me estoy encargando yo de todo, él sólo me pregunta que cuanto hay que pagar. Y las pruebas... cuando tuve la ecografía de las 20 semanas y me dijo que no me acompañaba, que para qué, casi tuve que amenazarle con el divorcio si no venía, finalmente se cogió el día de vacaciones. El día de la prueba del azúcar vino, si, y miró el reloj cada segundo que pasaba porque se tenía que ir a trabajar. Con todo ésto no quiero decir que no sea cariñoso y no se preocupe por el bebé, es que la diferencia de actitud es tan grande que no deja de sorprenderme.

Luego están mis padres. Mi padre pasa, claro que también pasó con el primero, las dos veces cuando le he dicho que estaba embaraza su respuesta ha sido algo así, ah, hum, poco más, cuando nazca le compará hasta lo incomprable que le conozco, pero de momento pasa. Luego está mi madre, con el primero me dijo "ah, entonces no puedes comer jamón (porque estaba haciendo habas)" y con el segundo "bueno, supongo que te tendré que dar la enhorabuena, ¿no? al fin y al cabo es mejor que una enfermedad". Luego es cierto, que como he tenido que guardar reposo, la pobre se ha cruzado medio Madrid en metro todas las tardes para cuidar de mi y del mayor, la he visto muy muy preocupada por mi salud, y muy pendiente de mi hijo, pero no muy ilusionada con la llegada de un nuevo nieto. No paran de repetirme "será el último, ¿no?" o "después de éste todo a la parroquia". Claro que mi marido me dice que si por cualquier cosa me vuelvo a quedar embaraza emigra al extranjero, sé que es broma, pero me lo ha repetido tantas veces que como se suele decir ya huele, hasta mi madre me hace la bromita.

Mis suegros se alegraron mucho, aunque mi suegra quería una nieta y no es, así que no para de repetirme que tengo que ir a por el tercero, que no puedo quedarme sin tener una niña como le pasó a ella.

Por otro lado a estas altura de embarazo con mi primer hijo había recibido ya varios regalos, y yo creo que con este directamente no me va a regalar nadie nada. Caerá el típico trajecito y ya. Supongo que la gente piensa que cuando ya has tenido un hijo, para el segundo ya lo tienes todo. No piensan que muchas cosas fueron prestadas y las has tenido que devolver, o que no te coinciden las estaciones y la ropita no te sirve, que tienes que comprarle una cama al mayor con todo el gasto que eso supone, que al pequeño también hay que comprarle algún mueble aunque sólo sea para poder guardar su ropa.... Tengo amigas que si me han ofrecido muchas cosas de sus hijos, pero el resto del mundo ha desaparecido. No quiero que ésto se malinterprete y nadie piense que quiero que me regalen cosas, es simplemente que me sorprende la diferencia.

Al final va a tener razón mi abuela, y al primero lo cría la madre, al segundo lo cría la Virgen y el tercero se cría sólo.

domingo, 3 de enero de 2016

La Eupeptina y el estreñimiento crónico

Desde que nació mi hijo sufre de estreñimiento crónico. Así de primeras puede parecer una cuestión baladí, pero os aseguro que no lo es.

Todo comenzó en el hospital nada más nacer, no expulsaba el meconio y yo lo achacaba a que estuvo casi un día sin comer (ver mi entrada sobre la lactancia materna), sin embargo, la enfermera del turno de noche me dijo que tenía la tripita muy dura, y que no podía ser, que tenía que expulsarlo (fue la misma que tras oírle llorar desesperadamente me trajo su primer biberón, menos mal). Para ello, tuvo que estimularle con masajes en el abdomen y analmente. Aquello fue el comienzo de una odisea que aún no acaba.

Cuando era un lactante, los pediatras (consulté a varios) me decían que era debido a la leche, que es que estriñe, que mejoraría cuando comenzara con los cereales. Cuando no mejoró con los cereales, me dijeron que iría a mejor con la alimentación sólida, cuando eso no ocurrió, me dijeron que le diera una dieta especial rica en fibra, como dio igual, que me pasara al movicol pediatrico (un laxante) durante 15 días, pero ¿y si al retirarlo todo sigue igual o empeora? además, ¿no es posible que su intestino se acostumbre a los laxantes si se le empiezan a dar tan pequeño? El silencio fue la respuesta, así que he pasado de los pediatras y he pedido cita con un especialista de digestivo infantil. Ya os contaré que me dice.

Durante todo mi periplo de pediatra en pediatra (7 en total) siempre ha habido una respuesta común desde el primer día: dale eupeptina. ¿Y eso qué es? os preguntaréis, pues son unos polvos blancos que se disuelven en la leche por la mañana, y en mi caso también por la noche, modificando la dosis en función de como vaya el niño.

Pero ha sido siempre todo, dale eupeptina, no pasa nada es inocua. Vale, es inocua, pero llevo dándosela 2 años y 8 meses, y el problema continúa.

El problema principal, y eso lo sabemos todas las madres que tenemos niños con estreñimiento crónico, es básicamente que no te hacen ni puñetero caso. Se lo dices al médico y como si le estuvieras diciendo que tienes un tío en Cuenca, bueno a lo mejor eso le parece hasta más interesante. Pero tú sabes que si que es un problema, porque cuando tu hijo lleva 2, 3 o hasta 4 días sin defecar, se le forman una bolas duras como piedras que no puede expulsar, y llora y grita como si le estuvieran arrancando la piel a tiras, y como le duele llega un momento que no quiere hacer ningún esfuerzo para ir al baño y se entra en un círculo vicioso. Y el problema es que si no expulsa esas bolas, se le puede provocar una obstrucción intestinal de la que habría que operarle, pero a ti en la consulta no te hacen ni caso.

La primera pediatra que visité, la del ambulatorio (ya he hablado sobre ella con anterioridad), me dijo nada dale eupeptina, pero así sin más, sin indicarme como, ni cuando, ni cuanto, como si una naciera sabiendo como administrar todos los medicamentos del vademécum médico. El caso es que la compré, y me encontré con la sorpresa de que en el prospecto no había un apartado de posología, así que volví a consulta, y mirándome por encima de las gafas, y con aire cansado y sabiondo, resopló y me dijo, media cucharadita en el primer biberón. Lo que no añadió fue todos los días, eso lo supe después.  Entre tanto, nosotros habíamos seguido estimulándole como nos habían enseñado en el hospital, era la única manera de que hiciera caca.

Así que decidí consultar al segundo pediatra, uno del seguro privado. Este me dijo de nuevo lo de la Eupeptina, pero si que ya me dio instrucciones mucho más precisas, como que había que administrarla a diario, y que también se podía dar por la noche, adaptando la dosis a como fuera el niño. Lo que dijo es que ni se me ocurriera seguir estimulándose, que eso era una barbaridad.  A los pocos días de dejar de estimularle, como no defecaba se le formó una bola tan grande que no era capaz de expulsar (tenía 2 meses), así que tuvimos que partirla como pudimos con un bastoncillo ya que se le quedó atascada en el recto. Fue horrible, comenzó a sangrar, me lo llevé a un pediatra de San Rafael (el tercero), y me dijo que se había hecho una fisura en el ano. Le tuvimos que dar una pomada antibiótica durante una semana. Evidentemente nunca volví al segundo, y comencé a ir al tercero como pediatra habitual.

Con cuatro meses el pediatra de San Rafael, me dijo que le diera fruta y cereales sin gluten, y zumos de naranja y uva. Cuando fui a la revisión del ambulatorio la enfermera (la pediatra estaba de .vacaciones y no había suplente. Que bien funciona la sanidad pública), puso el grito en el cielo cuando le dije que le estaba dando fruta, que la OMS dice que sólo leche hasta los 6 meses, (no os digo yo por donde me paso lo que dice la OMS). Luego cuando volvió la pediatra de vacaciones, me dijo que si que claro, que si está tan estreñido que había que adelantar la introducción de la fruta (le conté la milonga de que como estaba de vacaciones y se había hecho una fisura me había ido a otro pediatra, cuando la verdad es que a ella ya sólo la tenía para las revisiones oficiales). A ver si las enfermeras comienzas a no meterse en lo que no saben.

El caso es que cuando cumplió los 6 meses ya no se dejaba estimular más, pobre mío, no me extraña. Yo continué con la eupeptina, pero a los 18 meses se hizo otra fisura... También continué con el rosario de pediatras, porque el de San Rafael se jubiló en enero de 2015, y la que me asignaron nueva tiene muchísimos niños y las urgencias las atiende a las 4 de tarde (horario maravilloso donde los haya para las madres trabajadoras, y todas las madres sabemos que los niños no avisan cuando se ponen malos), así que la he dejado para las revisiones. Ahora, su único consejo sobre el estreñimiento fue... que le diera eupeptina y una dieta rica en fibra.

El quinto pediatra fue el de mi infancia. Me crucé todo Madrid para llevarle a mi niño, me dijo que le diera eupeptina y que no me preocupara que era inocua y que no creaba hábito. Ya, pero es que mi hijo continúa sin hacerlo a diario, y formándosele unas bolas horribles, que lo pasamos todos fatal cuando las tiene que echar.

El caso es volví al ambulatorio, eso si, previo cambio de pediatra, y voilá, me tocó una competente. No me lo podía creer, una buena pediatra y al lado de casa. Me dio indicaciones escritas sobre que alimentos darle, y cuales evitar (bueno, el arroz y el plátano lo tenía prohibido desde hacía tiempo) y me habló del movicol pediátrico. Ya he comentado arriba que no he hallado respuesta a mis preguntas sobre este medicamento. El sueño duro poco, a la vuelta de las vacaciones de verano la habían cambiando por la típica extiende recetas de las Seguridad Social que pasa de todo, yo creo que ni me escuchó.

En enero vamos al especialista.

Aunque lo más curioso, o hartante, son las reacciones de la gente:

- Mi madre: me pregunta todos los días, varias veces, si el niño ha hecho caca. Me llama al trabajo sólo para eso.

- Mi suegro: que el problema es que no le he llevado al médico adecuado...

- Una farmacéutica: que por Dios, como le doy eupeptina tanto tiempo, que si es que no sé que medicar a los niños en exceso es malo, que si no he oído hablar de los masajes, o que porque no le doy fruta y... bueno me debió de tener como media hora todo sin conocer los problemas ni los antecedentes de mi hijo, pero es lo que tiene que hablar es gratis, y meterse en todo también. La tenía que haber mandado a la mierda.

- Una profesora: que como le seguía dando eupeptina a un niño ya tan grande, que les produce muchos retortijones y que tenía que trabajar más la alimentación... aquí si que la conté con detalle (es maja) y rectificó. Aunque que poco nos costaría preguntar antes de hablar.

- Otras madres que no tienen el problema: lo ven como una tontería sin importancia.

- El resto de la familia y amigos: ¿pero de verdad que le medicas? ¿y eso es bueno? no, de hecho voy a ver si le empiezo a dar cianuro. O, ¿pero tú cuidas la alimentación? no, le doy a diario arroz, no te digo.

- Otras madres con el mismo problema: comprensión absoluta, solidaridad y sabios consejos.

En fin yo sólo sé, que mi hijo lo pasa fatal, que nosotros lo pasamos fatal, que los pediatras no le dan importancia, y que sólo lo sabemos los que lo sufrimos.

lunes, 3 de agosto de 2015

Víctimas de la lactancia materna

Recientemente se ha publicado un libro en el que por primera vez (y ya era hora) un pediatra ha puesto sobre la mesa todas las falacias que nos están vendiendo sobre la lactancia materna. No es un libro en su contra como muchos piensan, sino que pone de manifiesto una serie de errores que se están cometiendo.

Por ejemplo, explica que hay más casos que nunca de niños desnutridos y raquíticos (a partir de los 6 meses la leche materna no es suficiente), o que crecen los casos de complejo de Edipo. Eso por no hablar de la desorbitada presión que se ejerce sobre las madres.

Yo comencé este blog estando sumida en una depresión post parto que me empujaba a pensar que la única solución a mis problemas era quitarme la vida. La puñetera lactancia materna tuvo mucho que ver en ello. Este blog fue la forma de liberar mis demonios, simplemente contando lo que me ocurría. Me llegaron muchos mensajes de otras madres que habían pasado por lo mismo, por correo electrónico, por Facebook, por mensajes en este blog (algunas entradas tienen más de 8.000 visitas )simplemente yo lo hice público. Éramos víctimas de la lactancia materna.

El dejar de dar el pecho a tus hijos antes de los 6 meses de convierte a los ojos de los talibanes de la teta en una mala madre, es increíble lo que tienes que llegar a oír o leer. La prueba está en que el pediatra que ha escrito el libro, ha recibido tantas amenazas que ha tenido que suspender la presentación.

Me rió yo de los del Estado Islámico.

Mirando comentarios en internet sobre este libro, descubro más mujeres como yo, que consideran que ya era hora de que mostrase esta realidad. Un contrapunto al libro del g. de Carlos González, que de verdad que cuando lo leí lo único que quería era asesinarle (le habría venido bien a ese hombre ponerse en algún momento verdaderamente en la piel de una mujer).

Los talibanes apoyan principalmente su opinión en que la OMS considera que la LM debe ser exclusiva durante los 6 primeros meses de vida. Pues bien, eso es porque la recomendación es para el mundo entero, y en los países en vías de desarrollo muchas veces es la única opción de alimentar a un bebe, bien porque no tienen otra cosa, bien porque los alimentos pueden estar contaminados. Son muchos los pediatras que a los 4 meses ya te dicen que les des fruta y cereales sin gluten, no todos defienden la LM de forma exclusiva hasta los 6 meses, además, son los médicos (como el que ha escrito este libro) quienes deberían hablar, no las madres locas, talibanas y sectarias, por no mencionar a las doulas o las matronas.

Por cierto, hablando de médicos, habría que preguntar a los ginecólogos, qué opinan ellos, ya que son los que ven el lado de la mujer, el lado de quien sufre. A mi el mío me retiró la leche sin más, parecería tener más empatía con mi situación que muchas mujeres (como la matrona de mi ambulatorio o la enfermera del pediatra).

De verdad que la presión que se ejerce sobre nosotras es absolutamente inhumana, hasta unos límites que quien no lo ha vivido no se imagina. Y si, yo no quiero dar el pecho si tengo una mastitis, o grietas, o un punto blanco, no tengo porque sufrir, la maternidad nunca debería ser sinónimo de sufrimiento. La maternidad es amor.

Yo fui una víctima de la lactancia materna, que me hizo perderme los primeros tres meses de vida de mi hijo, porque no le disfruté, es más, le rechazaba porque era la causa de mi dolor. Esos tres meses los tengo clavados como un puñal en mi alma, porque siento que me perdí una parte de mi bebe, de mi niño precioso que es mi vida entera. Y eso, es algo que no le perdono a nadie.

miércoles, 28 de enero de 2015

Madre trabajadora=madre cansada


Estoy comenzando a pensar, que tenía que haber titulado este blog, Diario de una mamá trabajadora, en lugar de Diario de una mamá novata. Y es que el gran reto no es afrontar ese gran desafío que es la maternidad, sino compaginarlo con una carrera profesional.
Cierto es que cuando comencé a escribir este blog aún estaba disfrutando de la (exigua) baja por maternidad, y que aún no sabía que lo realmente agotador estaba por llegar. Y es que los primeros meses son muy duros porque te encuentras fatal después del parto y tienes una criatura de la que hacerte cargo sin saber muy bien por donde empezar, eso sin hablar de las noches sin dormir, que son un auténtico horror. Sin embargo, el gran problema, aquello que no es un sprint sino una carrera de fondo a la que no le vas a ver nunca el final, es a tener dos trabajos, es decir, a ser una madre trabajadora.
En primer lugar en España hay gente que ha oído hablar de algo llamado conciliación laboral, algo lejano y remoto, una especie de mito legendario como el yeti o el monstruo del lago Ness, seres que hay dice haber visto, pero que todos sabemos que no existen realmente. Lo que si que existe es la reducción de jornada por maternidad, que en la mayoría de los casos se traduce en: trabajo unas horillas por cuatro perras que no me alcanzan ni para pagar la guardería y además lanzo mi futuro profesional por el WC; o la solución intermedia, reduzco mi jornada un mínimo (por el que me quitan una pasta en el sueldo), de manera que no tampoco se note demasiado en el trabajo (aunque tú si lo notas, porque trabajas menos horas pero con el mismo volumen de trabajo, es decir, mucho más estresada y encima cobrando menos) tratando de que no afecte a su carrera, y llegas siempre la última a recoger a tu hijo a la guardería. Y luego están las que trabajan igual que antes, y apenas ven a sus hijos que cuidan otras personas.
Parece ser que hay empresas que te permitan hacer jornadas intensivas en lugar de reducidas, pero creo que es una dimensión paralela o algo así.
Mi solución es la intermedia, que tengo que decir que no sé si es la mejor. Yo tengo el mínimo de reducción que permite la ley (trabajo 35 horas semanales, en lugar de 40), lo que me permite llegar por la tarde a recoger a mi hijo a la guardería (aunque siempre lo haga tarde), lo que implica que me quitan una pasta todos los meses del salario, y como tengo el mismo trabajo o más que antes y estoy menos horas en la oficina, tengo un estrés que no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Porque una cosa hay que tener clara, nadie en tu trabajo va a tener en cuenta que tienes reducción de jornada, tú tienes que rendir igual y sacar la misma cantidad de trabajo adelante, independientemente de las horas que curres y de lo que cobres a final de mes. Pero aunque no sea lo ideal, para mi fue la única opción porque económicamente no podía permitirme más reducción y laboralmente creo que tampoco, me he dejado la piel para conseguir lo poco que tengo. Pero por otro lado, quería disfrutar de mi hijo, que para eso lo había tenido, y soy de las que piensa que los niños tienen que estar con sus madres, no con extraños.
Así que mi vida básicamente consiste en ir estresada a trabajar por todo lo que tengo que hacer en menos horas, salir corriendo del trabajo para llegar invariablemente tarde a la guardería, llegar cansada a casa, tanto que me cuesta hasta jugar con mi hijo, tratar de medio recoger la casa y arrastrarme hasta la cama. Bueno, eso y encima estudiar inglés.
Y antes de que alguien se pregunte que pasa con el padre de la criatura, decir, que éste se ocupa del niño en lo concerniente a jugar con él, pero ocurre siempre baños, cenas, limpieza, casa, recae íntegramente sobre mi.
Creo que nunca en mi vida me he sentido tan cansada.

Sé que hay madres que no trabajan, por favor las hago un llamamiento desde aquí, no se quejen delante de las que si lo hacemos; recordad: hacemos lo mismo que vosotras, pero después de ir a trabajar. Sinceramente, hay quejas que ofenden.

martes, 21 de octubre de 2014

Madres trabajadoras: un día cualquiera:

Mucha gente me pregunta que por que ya no escribo tan a menudo como antes, la respuesta es clara, soy una madre trabajadora, y eso desde luego, no es una cuestión baladí. Creo, sin lugar a equivocarme que es una de las situaciones más agotadoras que existen, sólo otra madre trabajadora podrá llegar a entenderme.

Voy a describir el que podría un día cualquiera en mi vida:
El despertador suena a las 7 de la mañana, pero como tengo tanto cansancio acumulado, y por la noche me he debido despertar del orden de 6 veces, porque el niño tenía una pesadilla, quería agua, lloraba porque si… no lo oigo y me duermo, para variar. Me levanto tarde y sabiendo que tengo el ya día comprometido de antemano con los tiempos; ventilo la casa, me ducho, desayuno, hago la cama, me visto, despierto al niño, me peleo con él, porque no se quiere levantar, porque no se quiere vestir, porque no se quiere peinar, porque no quiere salir de casa…

Una vez en la calle con el bolso, la bolsa de mi comida, la mochila de la guardería, el paraguas y el niño (en brazos, por supuesto porque sino no salimos de casa), llegamos así como media hora tarde a la guardería. Ya están todos los niños, y al mío el pobre el desayuno se le ha debido quedar tieso.
Tras dejarle en la guardería, operación que me lleva unos 10 minutos, porque es el único momento que tiene su profesora para contarme un poco del niño (como le dejo en horario ampliado, por la tarde está otra), me monto en el coche dispuesta a cruzar no la ciudad, casi la Comunidad de Madrid para llegar al trabajo. Como hay un poquito (pero sólo un poquito) de atasco, cuando llego a la oficina está ya allí todo el mundo, por lo que la operación aparcamiento se convierte en una tarea digna de héroes mitológicos (y eso que estamos en medio del campo). Al final, aparcó el coche a unos 10/15 minutos andando de la oficina, y lo más importante, cuesta arriba. Ya no necesito gimnasio.

Cuando llego y enciendo el ordenador, recuerdo que tenemos un pico de trabajo de los que hacía tiempo que no veíamos, y eso que desde que me fui de baja por maternidad somos una más en el departamento, y que casi me hubiera sido más rentable quedarme en la cama. Tras aguantarme las ganas de llorar al ver todo lo que tengo sobre la mesa, y encima la mitad de las cosas en inglés, despachar a los 4 o 5 comerciales que pasan reclamando sus contratos (no sé si he comentado alguna vez por aquí que soy abogado de empresa) y que de verdad de la buena que no sabes cuando te vas a poder poner con ellos, descubres que tienes los 2 súper marrones del mes encima de la mesa mirándote con ojos amenazadores… en fin…
A eso de las 10 de la mañana, llama mi madre (ama de casa de las de antes) para preguntarme que como ha dormido el niño. Tú tienes la bandeja de entrada del Outlook que echa humo, gente en el despacho, te desbordan los papeles, no puedes ni con tu alma, y tu madre llama para preguntar que como ha dormido el niño. Antes de ser madre me llamaba para preguntar que hacía. No voy a hacer comentarios.

Pasas la mañana currando y rezando para que no te llamen de la guardería diciéndote que el niño tiene fiebre, porque entonces tendrías que dejarlo todo para ir a buscarle y llevarle al médico, quien te dirá que al día siguiente le dejes en casa, para que así cuando tú le chutes el Dalsy o el Apiretal para llevarle a la guardería, porque justo siempre coincide que se pone malo cuando tu madre no se puede quedar con él, te sientas mala madre, pero así como con recochineo.
Si todo ha ido bien, es decir, que no te han llamado para ir a buscar al niño, llega la hora de irse a casa. Yo tengo reducción de jornada, pero el mínimo legal, es decir, me voy una hora antes de la hora normal de salida, lo que tiene dos efectos colaterales, primero que en la empresa nadie se da cuenta de que tengo jornada reducida porque al menos el 80% de las madres se van a las 2 de la tarde, y segundo, que como tienes el mismo trabajo que antes estás al borde del colapso nervioso porque antes te quedabas hasta la hora que fuera y lo sacabas adelante, y ahora te tienes que ir si o si a buscar a al niño a la guardería, y se acumula y acumula… y te vas del trabajo con la sensación que has estado allí sentada un montón de horas para en realidad no haber hecho nada.

Ahora lo peor, muchas veces son las otras madres, “ uy, ¿pero tú no te vas a las dos? fíjate para mi venir aquí es como un paseo” a esa te dan ganas de estamparla contra la pared y decirla que a ver si te paga ella las facturas y de paso te saca adelante un poco de tu trabajo, “ah, ¿pero no te lo recogen?, uff yo es que como vivo enfrente de mi madre tiro mucho de ella”, claro pero es que algunos no hemos podido elegir donde vivimos. Ahora lo mejor son las sobradas “¿tú no vas al gimnasio?, chica a ver si te organizas mejor”, o “¿te has apuntado a las clases de baile de salón?” o mi favorita “pero que mala cara tienes, eso se te pasaba teniendo una niña”…
En fin… como además de jornada reducida tengo horario flexible, e invariablemente no he llegado a la hora que debería por la mañana, tengo que recuperar por la tarde, lo que implica que salga de la oficina como alma que lleva el diablo, que no haya carriles suficientes en la M-40, y llegue pues así como más de media hora tarde a recoger al niño a la guardería. Bueno, en realidad, siempre llego tarde a todos los sitios.

A la guardería entro como arrastrándome, a ver si no me ven mucho (total, sólo mido 1,75 cm, y casi no se me ve) y rezando para que mi hijo no sea el último niño, y haya alguna madre aún más rezagada que yo. Al pobre le voy a crear un trauma, siempre le llevo corriendo y siempre llegamos tarde.
Una vez en casa, o bien vamos al médico (otra lucha con el niño, pero eso casi mejor que lo cuento en otro post, los niños y el pediatra), o tengo que hacer algún recado (más lucha, quiere ir al parque) o a la compra (él va a querer ir al parque) o vamos al puñetero parque.

Odio el parque. Abiertamente. ¿Por qué? Porque quieras o no acabas rebozada en arena o en el polvo de la arena, y yo ya odiaba la arena de niña, porque todas la madres y los niños parecen conocerse de toda la vida menos nosotros, claro que casi es preferible porque si no estás abocada a entablar animadas conversaciones sobre pediatras, mocos, colegios… con tías a las que no has visto en tu vida, y cuyo retoño te importa una mierda. Pero mi hijo se lo pasa genial, y al final cuando sonríe hace que todo merezca la pena, y que por unos instantes no sientas que estas cansada. Luego vendrá esa estupenda compañera de trabajo, o familiar y te dirá “uy, ¿pero no llevas al niño a matronatación/futbol/inglés?”. Yo un día cometo una tontería.
Una vez que decides que hay que subir a casa, o mejor dicho que tienes que subir a tu hijo a rastras a casa, toca bañarle, hacerle la cena, que cene, y lo peor de todo que se duerma. Cuando por fin consigues que se duerma, y tú estás para meterte en la cama detrás de él, tienes que hacerte la comida del día siguiente, recoger la casa, en mi caso planchar (a eso de las 11 de la noche para que no esté el niño por medio, porque no para quieto) cenar algo, prepararte la ropa del día siguiente, y tratar por unos segundos, porque no te va a dar tiempo a más, a tratar de ser una persona. Para entonces es tardísimo, y te metes en la cama mucho más tarde de la hora que realmente debieras.

Claro que al día siguiente habrá siempre alguien que me preguntará, “uy, ¿no viste a Fulano en el telediario?”, y mi respuesta será “no sé ¿sale en Bob Esponja?”

jueves, 28 de agosto de 2014

Cucos, carritos y sillas de paseo:


Una de las cosas por la que más me preguntan las que van a ser mamás, es por los cochecitos de bebé. Yo creo que elegir uno es una de las tareas más arduas de toda pareja de futuros papás, y ello se debe a la increíble variedad de marcas que hay en el mercado. Elegir una dependerá en gran medida del gusto de los futuros padres, porque son muy diferentes unos de otros, pero para empezar distinguir unos conceptos básicos para poder encarar la búsqueda.
1. ¿Qué narices es una Maxi-cossi? Creo que esa pregunta nos la hemos hecho todos antes de tener hijos. Pues bien, Maxi-cossi como tal, es una marca, eso lo primero, pero por tal concepto se suele denominar a lo que las dependientas de las tiendas de bebé denominan “huevito”, es decir, las sillas de coche grupo 0 y 0+ (hasta 9 kilos), que son las que se pueden encajar en el chasis del carrito, de forma que no despiertas a tu bebe al meterle y sacarle del coche.
Se puede adquirir por supuesto de la marca Maxi-cossi, pero también de muchas otras. Lo lógico es adquirirlo de la misma marca que tu carrito.

2. El carrito: el carro es un armatoste que pesa como un demonio, y con el que te ves obligada a cargar los primeros meses de vida de tu bebe. Se componen de un chasis (al que podrás encajar la silla de coche grupo 0) que ocupa doblado la mitad del maletero de tu coche, un cuco o capazo y una silla.
El cuco es ese chisme en el que los bebes van tumbados los primeros meses de su vida. Mucha gente os dirá que los bebés tienen que ir tumbados hasta los 6 meses, mentira, lo que no pueden utilizar hasta los 6 meses en la silla de paseo, pero si se pueden sentar. Lo suyo es usarlo hasta que el bebé deje de caber en él, aproximadamente a los 3 o 4 meses de vida. En ese momento,  desechas el cuco y en el chasis que hasta ese momento utilizabas pones la silla que te vendieron con el carrito. Estas sillas con ergonómicas y recogen perfectamente la espalda del bebé, por lo que puedes sentarles tranquilamente en ellas antes de los 6 meses.

Mucha gente opta hoy en día por no adquirir el cuco, y sustituirlo por la silla de coche grupo 0 o Maxi-cossi y se quitan un trasto de en medio. Es un error, porque los bebés no pueden ir más de 2 horas seguidas en la Maxi-cossi, mientras que tumbados en el cuco están tan divinamente.

También hay gente que hace lo contrario no adquiere una Maxi-cossi, y lleva a los niños en el coche dentro del cuco sujetándolo con los cinturones del asiento trasero. También es un error, es lo que se hacía hasta hace unos años, de hecho, hay gente que os dirá que es como deben viajar, pero no es cierto. La normativa de Tráfico dispone que los niños deben viajar desde su nacimiento en sillitas homologadas, y sólo pueden en el cuco si se dispone de un certificado médico que establezca que el bebé en cuestión debe ir constantemente tumbado por motivos médicos.

3. Las sillas de paseo: se pueden utilizar a partir de los 6 meses. Son ligerísimas, y se doblan como si fuesen un paraguas. Apenas abultan en el maletero del coche. La más conocida es la de la marca McLaren, pero también es la más cara.
He conocido a padres que eran reacios a usarla porque decían que si el niño se dormía, en la sillita del carrito le tumbaban del todo, ¿y? las sillas de paseo también se tumban. Es cierto que no les mantiene la postura como la silla del carrito, pero una vez que las usas no hay vuelta atrás. Se manejan con una mano.

Lo que hay que tener en cuenta a la hora de adquirir una es el tamaño de vuestro hijo, ya que la mayoría de ellas sólo aguantan hasta los 15 kilos (como los carritos, ojo). Solamente hay tres marcas que fabrican sillas de paseo reforzadas que aguantan hasta los 25 kilos: Silver Cross, Cybex y Uppababy. Así que si vuestro hijo/a es grandote (como el mío que con 16 meses pesa 14 kilos), mejor una reforzada.
Y tranquilos, frente a los casi 1.000 € de media que cuesta el paquete Maxi-cossi-chasis-cuco-silla, las sillitas de paseo rondan los 150 €, o menos.

Mi consejo, como el carrito lo vas de dejar de usar en cuanto huelas una silla de paseo, no te gastes el dineral que cuestan para unos meses. Adquiere una de segunda mano o localiza a algún amigo o familiar que te preste la de sus hijos, y así de paso luego se la devuelves, que abultan lo que no está en los escritos.

4. Las sillas del coche: la principal novedad que ha habido estos años en este tema, como ya he dicho es que los niños (salvo prescripción facultativa) ya no pueden viajar en el cuco, por lo que desde el primer momento hay que adquirir una silla. Se dividen por grupos, en función del peso del niño, y aunque hasta ahora era obligatorio que viajaran en silla hasta los 12 años, recientemente se ha modificado la normativa de Tráfico de manera que al alcanzar los 135 cm ya no es necesario usarla independientemente de la edad, bastará con los propios cinturones de seguridad del vehículo. Los grupos son:
- Grupo 0 y 0+: de 0 a 13 kilos. El niño viaja de espaldas. Nunca hay que usarlas en el asiento delantero y menos con el airbag activado.
- Grupo 1: de 9 a 18 kilos. El niño deberá viajar de espaldas, si la silla y la estatura del bebé lo permiten.
- Grupo 2: de 15 a 25 kilos.
- Grupo 3: de 22 a 36 kilos.
Las sillas de fijaran al asiento con los cinturones de seguridad o bien mediante el sistema isofix, si la silla y el coche disponen de él, que es indudablemente lo más seguro.

 

sábado, 26 de octubre de 2013

El tallaje de las ropa de bebés:


Una de las cosas que más me preguntan las nuevas mamás novatas, es acerca de las tallas de la ropa de bebé. Es algo mucho más sencillo de lo que parece.

La ropa, según la tienda, se talla por edad y/o por centímetros. Hay que evitar las tiendas donde sólo tallan por edad, porque ningún niño lleva la ropa que corresponde a su edad, o es más grande o más pequeño,  y tienes que ir con el niño a probarle (con lo que le gusta eso a un bebé). Normalmente cuando es por edad tallan de tres en tres meses, por ejemplo de tres a seis meses, de seis a nueve... pero hay tiendas como el Corte Inglés donde tallan de seis en seis meses, lo que resulta bastante ambiguo. 

Luego hay tiendas como Petit Batou donde ponen la edad y los centímetros, pero no coincide con el tallaje español (es más pequeño. Jamás pensé que los niños españoles fueran más pequeños que los españoles), por lo que siempre habrá que guiarse por los centímetros.

De forma general el tallaje por centímetros es el siguiente:

- Prematuros: 46 cms.
- Primera puesta: 56 cms
- Tres meses: 62 cms.
- Seis meses: 68 cms.
- Nueve meses: 74 cms.
- Doce meses: 80 cms.
- Dieciocho meses: 86 cms.
- Veinticuatro meses: 92 cms.

O lo que es lo mismo:

 - De uno a tres meses: 56-62 cms.
- De tres a seis meses: 62-68 cms.
- De seis a nueve meses: 68-74 cms.
- De nueve a doce meses: 74-80 cms.
- De doce a dieciocho  meses: 80-86 cms.
- De dieciocho a veinticuatro meses: 86-92 cms.

 En cada revisión, tu pediatra pesará y medirá a tu bebé, por lo que siempre sabrás cuales son sus medidas.

 Con los bodies y pijamas, trata siempre de comprar una talla más, porque se les quedan pequeños enseguida.